La Fé que desafía las alturas: miles de fieles participan en la misa central del Señor de Qoyllur Rit’i a más de 4,600 metros de altitud

Diego Lazo 4 min de lectura
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CUSCO, PERÚ – La Tierra Santa de Sinacara, ubicada en una dura ubicación geográfica, se ha convertido en el epicentro de una de las expresiones más profundas de fe y sincretismo religioso en América del Sur. Miles de peregrinos andinos se reunieron en las colinas del distrito de Ocongate de la provincia de Quispicanchi para asistir a la misa central en honor del Señor Qoyllur Riti, a pesar de las bajas temperaturas y la falta de oxígeno en las montañas.

Luego de la emotiva celebración litúrgica, muchas delegaciones iniciaron la tradicional procesión con la Cruz de Tayankani. Este emblemático rito consiste en una caminata ininterrumpida de 24 horas a través de los nevados, consolidando una festividad que año tras año demuestra la vigencia de las costumbres que entrelazan la fe católica y la cosmovisión de los pueblos originarios.

Cantos en quechua y fervor religioso en el santuario de Sinakara

La misa central se desarrolla en el paseo principal y en las faldas que rodean el templo, en espacios que parecen estar llenos de fieles de diferentes provincias del Cusco y de muchas regiones del país. La liturgia se enriquece con cantos tradicionales cantados en quechua, oraciones comunitarias y lecturas bíblicas que meditan sobre el significado de la cruz, y oraciones comunes por la salud de las familias y el bienestar social de los pueblos andinos.

El momento religioso más ferviente vivido fue la procesión de la sagrada imagen del Señor de Qoyllur Riti. La venerada imagen estuvo respetuosamente acompañada por delegaciones de músicos y grupos folclóricos tradicionales que marcharon durante horas para cumplir con su Fé y tradicion, reafirmando la devoción profundamente arraigada en los corazones de las comunidades rurales del sur del Perú.

La Cruz de Tayankani y el ritual del Inti Alabado

Una vez finalizado el acto litúrgico, los devotos dieron inicio al traslado de la Cruz de Tayankani, una pieza sagrada elaborada con la madera de un árbol nativo conocido como tayanka. Los fieles cargan esta estructura a lo largo de una ruta que cruza las cumbres de la cordillera en un trayecto de aproximadamente 24 horas de marcha continua bajo las condiciones extremas de la noche serrana. Este largo recorrido culmina en el sector denominado Inti Alabado. En este punto exacto, coincidiendo con el amanecer, la Cruz de Tayankani es presentada formalmente ante los primeros rayos del sol naciente. Este acto simbólico representa de forma clara el sincretismo de la región, uniendo el culto cristiano con la veneración andina al astro rey, consolidándose como una de las expresiones culturales más potentes de la peregrinación.

Naciones peregrinas, ukukus y danzas ancestrales

La organización de la festividad recae en las denominadas naciones peregrinas, entre las que destacan Quispicanchi, Paucartambo y Tahuantinsuyo. Cada delegación se desplaza por el santuario portando sus propios estandartes coloniales y vestimentas típicas. En este despliegue cultural sobresalen los ukukus o ukumaris, personajes míticos vinculados al oso andino que cumplen roles estrictos de orden, resguardo de los glaciares y acompañamiento espiritual de la masa de caminantes. El folclore se manifiesta mediante danzas emblemáticas como los Qhapaq Qolla, los Ch’unchus y la Mestiza Qoyacha. Al avanzar frente al santuario, las comparsas ejecutan el «chakiri», un zapateo y movimiento rítmico característico que, según la tradición oral de la zona, recrea la forma de caminar del niño pastor que dio origen al milagro, conectando la danza actual con el mito fundacional.

El origen de la devoción y el reconocimiento mundial de la Unesco

De acuerdo con los relatos tradicionales, la devoción comenzó con el encuentro místico entre un niño indígena de la zona y un misterioso infante llamado Manuel, quienes compartían labores de pastoreo en las faldas de los nevados. Tras la repentina desaparición del visitante, la población local halló la imagen de un Cristo crucificado plasmada sobre una roca del lugar, suceso que encendió la fe que perdura hasta el día de hoy.

A lo largo de los años, esta tradición ha combinado armoniosamente la liturgia católica con el culto prehispánico a los apus, es decir, las montañas sagradas de los Andes. Debido a este inconmensurable valor social, cultural y antropológico, la peregrinación al templo del Señor Koyllur Riti ha sido inscrita oficialmente por la UNESCO en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde agosto del 2004, garantizando la protección del patrimonio vivo transmitido de generación en generación.

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