GLACIAR SUYUPARINA (QUELCCAYA), CUSCO — En las imponentes faldas del Quelccaya, el campo de hielo más extenso de los trópicos, la memoria y la ciencia andina se dan la mano para lanzar un mensaje urgente al mundo. De la mano de Rufino y Julia Turpo, herederos del linaje y la sabiduría del entorno de la Mama Rit’i (la Madre de los Hielos), se ha reafirmado el valor sagrado, ecológico y social de estos gigantes blancos en una época marcada por los severos efectos del calentamiento global.
Esta inmersión profunda en la cosmoexperiencia y espiritualidad de la familia Turpo revela que los glaciares andinos no son solo masas de hielo inerte, sino entidades vivas y protectoras fundamentales para la sostenibilidad de la vida en todo el sur peruano.

Las dimensiones de la Madre de los Hielos
Para las comunidades que habitan las zonas altas de la cordillera, la importancia de la Mama Rit’i trasciende el plano visual y se articula en múltiples dimensiones indispensables para el equilibrio del ecosistema:
- Ecológica y Hídrica: El glaciar actúa como un regulador hídrico natural, almacenando agua en época de lluvias y liberándola gradualmente durante las temporadas de sequía para alimentar los ríos y bofedales de las cuencas bajas.
- Social y Nutricia: El agua que desciende de las cumbres irriga los pastos naturales que alimentan a los rebaños de alpacas y llamas, el principal sustento económico y alimenticio de las familias altoandinas.
- Comunitaria y Ritual: La relación con el hielo es de mutuo respeto. Las ceremonias de pago y agradecimiento a la Pachamama y a los Apus son esenciales para mantener la armonía entre el ser humano y la naturaleza.

Resiliencia ambiental en tiempos difíciles
El Quelccaya y sus glaciares satélites, como el Suyuparina, vienen experimentando un retroceso acelerado debido al incremento de la temperatura global. Frente a esta crisis climática, la transmisión de la sabiduría ambiental del linaje Turpo se convierte en una herramienta de resiliencia y educación crucial.
Esta perspectiva milenaria enseña que la conservación ambiental no pasa únicamente por la gestión técnica del recurso hídrico, sino por recuperar el sentido de sacralidad y el cuidado comunitario de las fuentes de vida. En tiempos donde el agua escasea y los patrones climáticos se vuelven impredecibles, escuchar a quienes han custodiado las cumbres por generaciones es, más que un acto de respeto cultural, una necesidad de supervivencia global.

